jueves, 29 de abril de 2010

Feliz día del animal

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"En el 65 llegó el hash, que se convidaba en las fiestas. Viví fumado durante siete años, pero sin afectar mi comportamiento en nada. Un día probé la cocaína y me hizo muy bien. Creía que pegaba con mi personalidad. La magia de la cocaína es hacerte creer que vos sos el dueño de la irrupción de adrenalina, pero no es así. La cocaína te da la conciencia de que estás haciendo cagadas pero que vos la podés arreglar. Te da esa omnipotencia. Yo diría que es útil probar los alucinógenos como ayahuasca u hongos bajo control. Vale la pena porque te muestran ciertas facultades asociativas que tenés y que luego podés recuperar por tu propia cuenta sin la droga. En cambio las facultades que te da la cocaína son todas de la cocaína: no podés recuperarlas sin cocaína. Además no sirven porque vienen tan asociadas a la omnipotencia y a lo que sería la mala fe, la mentira y la traición, que no podés evocarlas en una situación normal moral. Una vez una mina me dijo “no me acuesto nunca más con vos, no te quiero ver nunca más porque cuando cogés hacés trampa”. Yo tomaba droga, ella no. La mina no tenía la menor experiencia, no había leído ningún libro ni era moralista, pero sentía que yo hacía trampa si cogía drogado. Y efectivamente el cocainómano hace trampa en la vida. En todo: sus afectos son falsos, sus lealtades son falsas, no conocí ningún cocainómano que sea buena persona."

Animal político, poético y narrativo: Fogwill y una gran entrevista publicada por Eterna Cadencia.
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