jueves, 14 de mayo de 2009

Luche y vuelve



Vi El luchador. Que es como decir que vi a un retrohéroe luego de que le estallara la bomba nuclear en la cara tras un día de bajón de cocaína.

Micky Rourke con rostro de zombie, o con rostro de sobredosis de botox, rizos rubios posnucleares.

Actúa de sí mismo (un empecinado en perder que simula que no lo sabe: la conciencia sumergida en bares de nudistas y desconocidos; los malos amigos de esos bares, las drogas como diosas griegas inyectables, tóxicos intravenosos, o para derretir autos y matar plagas de la China en Santa Fe (todo sirve para pasar la noche, Rourke, un tipo con el corazón grande).

En plena séptima vida de gato, va a filmar en Río (con Stallone) y va a bajar a Buenos Aires. Un cirujano argentino y una cara nueva lo esperan (si tal cosa fuera posible).                                                                                                                                                                   

martes, 12 de mayo de 2009

Palabras



“Editar lo que alguien dice me parece siniestro y es una costumbre muy propia del periodismo argentino. Y yo nunca entiendo porqué lo hacen. A mí me pasó muchas veces que me encuentro, me veo en publicaciones diciendo palabras que yo sé que no digo. Yo sé las palabras que elijo. Sé si voy a decir hospital o nosocomio. Y sin embargo a veces me veo diciendo palabras como nosocomio. Y me parece curioso porque yo creo que los periodistas deberían entender que las palabras que uno dice me parecen tan importantes como las supuestas ideas que uno trata de transmitir con estas palabras. Sin embargo los periodistas se creen libres de poner cualquier palabra en boca de cualquiera; de traducir lo que alguien dice a un lenguaje supuestamente… mejor ¿será? Me impresionó mucho. Es como si en una foto a mí me pusieras pelo rubio, ¿no? ¿Por qué?”

Parte de una entrevista a Martín Caparrós publicada en eblog. El resto de lo que dice uno de los cronistas más trascendentes en la actualidad (cualquiera sea el idioma en que escriba), acá.
                                                                                                                                                               

Contate uno

Varias decenas de escritores adelantan en este sitio de qué las va el nuevo libro que acaban de publicar. Sencillo, rápido, entretenido. Una miniferia del libro que también sirve de muestra de cómo las buenas ideas en internet pueden hacer la diferencia.                                                                                                                       

lunes, 11 de mayo de 2009

El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad

Cuenta Mario Vargas Llosa que Leopoldo II perpetró en el Congo una de las masacres más sanguinarias en la historia de la humanidad con la finalidad de llevar la mayor cantidad de marfil posible para el reino de Bélgica (1885-1906). Una de esas masacres que ponen en cuestión la palabra civilización, o cualquier otra que trate de definir el ambiguo orden estatuido donde los hombres suelen vincularse las más de las veces de forma escabrosa, si es que en medio están la religión o el dinero. Vargas Llosa lo dice en el prólogo de una edición de bolsillo que tengo de El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, y no es lo único que dice. Citando un libro (King Lepold's Ghost), un "notable documento sobre la crueldad y la codicia", señala que acaso el monarca belga debiera figurar, junto a Hitler y Stalin, entre los genocidas más sanguinarios del siglo XX, ya que serían unos cinco millones de personas las exterminadas durante el saqueo ocurrido durante su reinado.

Tuve la suerte de leer el libro de Conrad con el insustituible prólogo de Vargas Llosa, que posibilita un contexto histórico que permite apreciar mejor la magnitud de la novela.

En El corazón de las tinieblas, Conrad, que en ningún momento menciona a Leopoldo II (parece que en la edición original sí y fue editada), y no recuerdo que tampoco escriba la palabra matanza, o masacre, o alguna que lleve a pensar en muertes a gran escala, cuenta lo que vio en el Congo, donde permaneció seis meses trabajando para los tentáculos de una de las compañías que servían al monarca belga.

Le encomendaron la misión de adentrarse en la espesa selva para traer de regreso a territorios menos hostiles a otro agente de la compañía.

Y hay un ineludible parecido entre la trama del texto (a grandes rasgos: expedicionario se pierde con un barco en la selva para traer de regreso a un desquiciado recaudador de riqueza para la corona -Kurtz en la película que Francis Ford Coppola llevó el cine: Apocalypse Now) y ciertos aspectos biográficos del escritor y su estadía en África.

El libro, una novela relativamente corta, que puede leerse en una tarde de un solo tirón, es la crónica de una fuerza opresiva caracterizada por una ausencia estruendosa: el mal, sin nombre, que siempre está, y podría constituirse en la única explicación razonable para los ojos de alguien ante el horror: negros tratados en condiciones infrahumanas y blancos degradándose hasta el paroxismo.

Pero lo no develado explícitamente, el poder real que opera por ausencia, también es una atmósfera. Es decir, la tiniebla, la falta de luz, la presencia de la bruma, el verde azulado y negruzco de la vegetación, y la humedad no disminuidas sólo a piezas de una geografía y un clima, sino más bien presentadas como componentes insustituibles de una opresión fantasmagórica en sus efectos, y terrible por su ajenidad con el mundo fantástico (la otra explicación plausible para lo que no puede ser).

Hay, al margen de la locura, que es lo que también está en un primer plano de forma constante en el libro, una lectura política: la pregunta sobre qué es la barbarie (quién es el bárbaro). O dicho de otro modo: qué es la civilización y cuáles son los costos que permiten que se imponga.

domingo, 10 de mayo de 2009

Nuestro hombre en la Feria

Jaramillo fue a la Feria del Libro y vivió para contarlo en la edición dominguera de Perfil.                                                                                                                                                                                              

sábado, 9 de mayo de 2009

Narcocultura

“El narcotráfico suele golpear dos veces: en el mundo de los hechos y en las noticias, donde rara vez encuentra un discurso oponente. La televisión acrecienta el horror al difundir en close-up y cámara lenta crímenes con diseño “de autor”. Es posible distinguir las “firmas” de los carteles: unos decapitan, otros cortan la lengua, otros dejan a los muertos en el maletero del automóvil, otros los envuelven en mantas. En ciertos casos, los criminales graban sus ejecuciones y envían videos a los medios o los suben a YouTube después de someterlos a una cuidadosa posproducción. La mediósfera es el duty-free del narco, la zona donde el ultraje cometido en la realidad se convierte en un informertial del terror.”

El escritor Juan Villoro y la legitimización de los carteles de su país en la “sociedad del espectáculo”. El resto del texto, vía El Malpensante.
                                                                                                                                                                                   

viernes, 8 de mayo de 2009

Aira en video

Entrevista para la tele de Francisco Ángeles al autor de La vida nueva, libro del que escribí algo acá.



Los trabajos y los días

“Cuando me pregunten por la literatura argentina, voy a decir que el escritor que tiene más futuro trabaja limpiando piletas”.

(Un periodista chileno, al hablar de Félix Bruzzone, citado en un artículo de Crítica acerca de cómo se las ingenian para subsistir los narradores argentinos.)
                                                                                                                                                                                 

El barbijo del fin del mundo

Vaya este post como humilde homenaje de Ruta León al primer contagio de gripe porcina entre nosotros: A mitad de camino entre la Ciencia Ficción y la más pura especulación científica, el filósofo Pablo Capanna traza un perfil del que podría ser el virus del fin el mundo, uno de cuyos eslabones -perdidos- acaso sea, por qué no, el ordenador donde estés leyendo esto (¡!).

Click acá para leer la nota publicada en el suplemento Futuro, de Página/12.
                                                                                                                                                                                

martes, 5 de mayo de 2009

Una entrevista a Sergio Bizzio



Hace un par de días le hice una entrevista telefónica a Sergio Bizzio. Dice que está escribiendo la versión argentina de El corazón de las tinieblas, pero también aclara que todo puede cambiar de un momento a otro y su libro puede seguir cualquier otro rumbo. Bizzio es uno de los autores de su generación, la de los que rondan los cincuenta años, más prolífico y telentoso. Sus libros conjugan dos cosas muy difíciles de lograr: la poesía como circunstancia global al final de la última página y algo con lo que algunos autores no se llevan muy bien: escribir libros entretenidos. Su última novela, Realidad, se trata de un grupo de terroristas que toma la casa de Gran Hermano y comienza a manipular los contenidos del programa. En la entrevista que sigue habla de su novela, de las anteriores, y de su relación con la escritura y el cine, ya que también, quienes no lo conozcan, tiene que saber que dirige películas.

–Hay una constante en el último tramo de tu obra: la televisión: ¿Plantás una historia en un contexto que conocés?

- La verdad es que no me lo planteo previamente al comienzo de la escritura, nunca sé muy bien en que va a terminar todo. Entiendo el sentido de la pregunta: si trabajo con aquello material que conozco. La verdad es que no conozco nada; siento que tengo que aprenderlo todo de nuevo cada vez que voy a escribir algo. Por ejemplo, en el caso puntual de Realidad, no conozco cómo es una toma de rehenes. La novela tiene más que ver con una toma de rehenes que con la televisión misma. Me interesaba la idea de los manipuladores manipulados, de los productores de televisión que manipulan a un grupo de chicos encerrados en la casa de un reality show, manipulados por otras personas que toman el "poder" en un canal de televisión.

-Fuiste guionista de televisión, ¿qué mirada tenés sobre ese mundo?

- No tengo una mirada moral ni política. Era mi trabajo, uno como cualquier otro y yo trataba de hacerlo lo mejor posible. De hecho estoy abierto a ese trabajo. Cada tanto me llaman para escribir para la tele. Tuve la suerte de rechazarlo porque estaba con otros trabajos relacionados con el cine, pero es un universo bastante particular, aunque no más que otro universo. Es como una burbuja donde circulan siempre las mismas bacterias, siempre la misma gente que pasa de un canal a otro, de un programa a otro. Todo el mundo se conoce. La empresa que llamamos televisión, la empresa global que llamamos televisión necesita vender sus productos. Y todos los escalafones inferiores a los directivos tienen muy asociada la calidad al éxito. Lo que tiene éxito es lo que tiene calidad, o lo que tiene calidad tiene que tener éxito, una asociación bastante pobre.

-Leyendo Realidad y el último tramo de tu obra se ve un tema recurrente: el encierro. Está también en Rabia.

-Sí, me sale así, yo me doy cuenta de esto. Mis novelas tienen al encierro como tema principal.

- Al sentarte a escribir, ¿tenés una idea general del rumbo que vas a seguir o sos más bien instintivo?

-Siempre es distinto: a veces tengo una idea general, panorámica, a veces tengo una frase, a veces una escena. En las ocasiones en las que yo me planteé ir en determinada dirección, siempre seguí desvíos que me interesaron o gustaron más, cosas que no tenía previstas y por las que me dejé llevar; siempre es distinto.

- ¿Escribís todos los días?

-Sí, escribo todos los días, lamentablemente. (Estoy liquidándome.) Pero también tengo que decir que escribo todos los días cuando escribo algo; cuando no estoy escribiendo nada puedo pasar largas temporadas sin mover un dedo. Pero cuando tengo algo para escribir lo hago todos los días, y por mucho tiempo, muchas horas, prácticamente es lo único que hago, desde la mañana bien temprano hasta la noche bien tarde.

-¿Corregís mucho?

-Ahora corrijo más. Le encontré el gustito a la corrección. Antes le daba una repasadita nada más a lo que hacía. Ahora corrijo una cuantas horas, y le dedico un tiempo bastante extenso a la corrección. Me voy metiendo como entre las oraciones, entre las frases, y encuentro cosas nuevas adentro. Estoy como escribiendo adentro, metiéndole leña adentro a las cosas. La corrección es parte de la escritura de lo que estoy escribiendo ahora, una novela que se vuelve pesadillesca, microscópica. Cada vez hay más cosas en profundidad, cada vez más y más y más.

-Suena bueno para el que lo va a leer...

-Espero que sí. Al mismo tiempo estoy trabajando a conciencia en ser muy claro. Todo el tiempo. Elimino las frases que tienen sombras, o que tienen oscuridad. Quiero que sea todo absolutamente muy claro.

-¿Cómo convivís con la doble intención creativa de escribir y ser cineasta?

-La literatura y el cine son dos prácticas vecinas, que hacen muy bien por otra parte en mantenerse separadas. Pero yo las siento como parte de un mismo universo personal. Si bien es cierto que la literatura es algo que uno escribe a solas y el cine requiere de 40 personas, una diferencia inicial que plantea todas las subsiguientes.

-Tus libros logran algo que me parce muy difícil: no le allanan el camino al lector, pero no dejan a nadie afuera. Ofrecen diversos planos de lectura, y la poesía o la belleza operan en un plano no del todo evidente, más como una consecución, como un resumen global en tus libros ¿Estás de acuerdo con eso?

- Eso que decís es exactamente lo que yo pretendo. Vos lo dijiste, realmente no tengo nada que agregar a eso. Es lo que yo pretendo, que no quede nadie afuera pero que al mismo tiempo lo que escribo pueda leerse en muchos planos. Casi al estilo, y no quiero sonar pretencioso, de las máximas budistas o zen, que son absolutamente claras y que al mismo tiempo son absolutamente misteriosas.

- ¿Qué valoración hacés de los nuevos autores argentinos?

- Leí algo de Pedro Mairal y también a Félix Bruzzone. Los dos me parecen buenos narradores, pero a los demás no los leí. Soy un lector muy desordenado, leo mucho pero con total desorden. Paso de un contemporáneo a un clásico en el mismo día, así que no hice una lectura ordenada ni profunda de la generación que viene a matarnos.

-¿Y ahora que estás leyendo?

-Ahora estaba releyendo Ada o el ardor, de Vladimir Nabokov, y ayer en un momento leí El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad de un saque. Lo volví a leer porque estoy escribiendo una historia que es, hasta acá, El corazón de las tinieblas tal como yo la recordaba. Yo la leí hace 30 años, y vi la película hace 27, y no la había vuelto a leer ni a ver la película de (Francis Ford) Coppola, y me la puse a escribir tal como la recordaba, y ayer me dije: "Vamos a leer la obra de Conrad", y me di cuenta de que me acordaba bastante bien (risas). Es una obra extraordinaria, una novela sobre la luz, y eso Coppola lo capta muy bien en la película, con Marlon Brando entrando y saliendo de la sombra. Toda la novela es una novela sobre la luz.

-¿Vos te sentás a escribir un cuento o una novela, o lo definís en el momento? Dicho de otro modo: ¿Hay historias que vienen con, por decirlo así, la forma de un cuento o de una novela?

-Eso es muy difícil de saber. A veces uno tiene la sensación de que algo que tiene en mente puede necesitar una determinada extensión para ser narrado, pero es muy difícil de saber. Yo terminé escribiendo cuentos, algunos publicados en el libro Chicos, pensando que me iban a llevar medio año, o un año, o un año y medio, y terminaron llevando 10 páginas.

-Algunos de tus cuentos muestran giros que no tienen nada que ver con lo anterior de la historia que estás contando. ¿Podés describir lo que provoca esas irrupciones?

-Me gustan mucho esos giros al costado. Giros brutales pero fluidos. Creo que es una influencia del cine de David Lynch. No sé si es una influencia palpable o real, pero recuerdo haber pensado en su cine en algunos finales de cuentos. Funcionan pero no tienen nada que ver con el final convencional que podría esperar un lector. Esto también lo estoy trabajando mucho en esta versión argentina de El corazón de las tinieblas (risas).

- Realidad, ¿se va a filmar?

-No estoy trabajando en un guión. Pero hay un productor español muy interesado. Sí se filmó Rabia. La produjo Guillermo del Toro, el director de El laberinto del fauno. Está filmada y terminada, la dirigió un joven ecuatoriano muy talentoso que se llama Sebastián Cordero, y el protagonista es Gustavo Sánchez Parra, el coprotagonista con Gael García Bernal de Amores Perros. Y es una coproducción española- mexicana-francesa y colombiana. Y se va estrenar en algún momento de este año. Cuando escribí Rabia también quería una novela completamente sencilla, y entretenida, como las novelas que yo leía a los 15 años. Tiene un final muy novelero, pero novelero de televisión, yo lagrimeaba cuando escribía el final, recuerdo eso.
                                                                                                                                                                                 

viernes, 1 de mayo de 2009

Ballard

Hace algunos días murió J.G. Ballard. Fue un escritor que ofreció una mirada diferente sobre los cambios experimentados a partir de la segunda mitad del siglo pasado por ese amasijo de carne, automóviles, computadoras y virus en mutación constante (¡Oink de chancho mediante!) llamado civilización. 

Junto a la obra de Philip K. Dick, la de Ballard, que recibió el reconocimiento mundial en los últimos veinte años, no pudo despegarse nunca del lastre de formar parte de un subgénero literario: la Ciencia Ficción, una clasificación que sirvió para contar desde antes los cambios espectaculares que sucederían después, y que ahora se encuentra en una disputa cabeza a cabeza con el realismo para ver quién es quién.

Los libros de Ballard no son sólo un laboratorio científico-literario vaticinador de delirios, de verdades como porciones de la realidad tamizadas por un ácido lisérgico. Uno se quedaba con la impronta, luego de leer Crash, luego de leer Noches de Cocaína, de una poética puesta al servicio del desastre. Un libro de Ballard deja en la mente de quien lo lee la imagen de un amanecer post-catástrofe, de un silencio espeluznante, o de la refundación de un planeta (ojo, no esa epifanía pavota que permite digerir bien los pochoclos cuando lo que la provoca es una película del Village; más bien los ojos abiertos para ver todo eso que hasta la mañana anterior no habías apreciado). 

Entre todo ese tufillo a fin del mundo que suelen tener algunos de sus textos, siempre hay cierta cuota de esperanza. Hasta que, claro, prendas tu televisor y todo vuelva a hacerse añicos nuevamente contra tus pupilas. 

El que mejor dijo todo esto en las innumerables notas publicadas en los últimos días tras la muerte del inglés fue Juan Villoro. Dijo: “J. G. Ballard logró distinguir, aun en medio del caos, el desconcertante resplandor de la belleza.”

Acá, su texto completo.

(La foto, por si hace falta, muestra a Borges y a un Ballard de mediana edad.)

Blogs, poesía y Delirio Suburbano

El viernes estuve en el Roca Blog Day. Participé de la mesa "Blogs y nuevos espacios culturales". Compartí este ámbito, sobre el cierre del encuentro, con Alfredo Jaramillo y con Andrés Stefani.

Había escrito algo para decir ese día. Finalmente opté por extraer dos o tres conceptos de esa idea inicial. Uno de ellos es: por qué, desde mi rol de periodista, abrí este blog. Conté que necesitaba un poco de aire, escribir de otros temas diferentes a los de la edición diaria de papel, por lo general relegados a los conflictos sociales, a las roscas políticas y eventualmente a los ajustes de cuentas informados por interesadas fuentes policiales con el cierre de la edición corriéndome desde atrás. A veces, todo esto genera cierta adrenalina (la parte buena del trabajo) pero también cierto acostumbramiento y escepticismo (obvio, la parte mala). Uno corre el riesgo de poder transformarse en un autómata de la noticia. Se abre paso cierta puja interna relacionada con la intención de no perder la frescura para contar algo que logre ser interesante y transmitir una novedad. Algo que sea claro, que pueda entender cualquiera, y que, en lo posible, cumpla con algo parecido al bien social. O lo que uno entiende como un bien social. No siempre se puede. 

A mí el blog me permite buscar cierto descanso. (Es paradójico porque también es cierto que trabajo más.) Me hace mirar un poco para otro lado, y refrescar un poco el hecho de escribir. Dije, el viernes, que todo se fue transformando en algo así como un diario de lecturas. Este blog tiene algo de eso, y algo de contar algunas cosas que veo todos los días, con un lenguaje más desacartonado, el tipo de lenguaje que me venga en ganas, que no siempre es el que te impone, indirectamente, la edición de papel.

Otra cosa que dije es que los blogs, éste, la mayoría, son algo así como la marca de una ausencia. Me parece que reflejan un olvido de los medios en general, con un par de salvedades, que no suelen pensar mucho en las nuevas generaciones de lectores. O de reflejar otros intereses de sus lectores grandes, que quizá sí estén interesados en lo que se les pasa por la cabeza a los más jóvenes, que leen el diario cuando hay una banda de rock en la sección de espectáculos o para ver los resultados del fútbol o cuando el padre de un amigo se robó algo.

Después dije que los blogs fijan agenda. Y que son el reflejo de una tensión. Así como los grandes medios tienden a dejar de lado los intereses de las nuevas generaciones de lectores, y se tornan aburridos, y no hacen mucho por salir a buscarlos, y acaso hoy estén perdiendo una batalla, también es cierto que están corriendo detrás los temas que les imponen los blogs más leídos: los suplementos culturales suelen reproducir (más tarde) debates que se dieron en blogs de escritores y cineastas, por mencionar sólo un segmento acotado de los discursos que reproducen después. Esto no tiene que ver con la instantaneidad del formato digital, una velocidad que también podría leerse como pérdida respecto al papel, si se tiene en cuenta el tiempo de más que un diario tiene para salir a la calle.

Dije, además, que si hablamos de cultura, en un sentido amplio, en uno que rescate una vertiente política del término, un blog es un lugar que pertenece a su autor hasta cierto punto. Uno se sube a un blog, que ofrece una matriz predeterminada. Esto, a la hora de mirar todo el fenómeno desde una perspectiva cultural: un blog es una plataforma fabulosa de comunicación, pero impone sus reglas y las replica a escala global. Una visión política de todo el asunto no debería dejar de lado eso. Y dije que Faceboock es un ejemplo maravilloso (con todo lo malo que tiene) de cómo esas reglas pueden llegar a revertirse si muchos lo desean. Me parece genial que existan los blogs y que cada vez más gente los tenga. Pero como todo, me parece que hay que tener las cosas en claro.

Lo que no tuve tiempo para decir es algo que sí se mencionó en alguna mesa anterior. No me creo el verso de la "democracia" absoluta que implicaría la posibilidad de tener un blog. Existen la brecha digital y la falta de conocimientos como para poder asegurar tan libremente algo así. Creo que es una reproducción a escala de lo que sucede en otros ámbitos sociales: inclusión y acceso para algunos y para otros no. A grandes rasgos, es lo que dije.

Me pasaron cosas piolas. Por la tarde conocí a un bloguero con el que sólo había tenido contacto vía e-mail. Se llama Mario Favole. Hablamos de libros, intercambiamos impresiones y datos sobre la biografía de autores que ambos leímos. En el Blog Day le hizo una pregunta memorable a Jaramillo. "¿Es cierto que tu prima posó para Playboy?" Jaramillo asintió y después le contestó otra pregunta (esta vez hecha en serio), pero ya todos nos habíamos quedado pensando en su prima. Esto respecto al Blog Day, impecablemente organizado; sería bueno que se siga repitiendo. 

Después, con Jaramillo, me fui a la presentación de su libro: Grunge, en el comedor de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UNC. Ya había leído su libro, editado por Funesiana. Con Jara nos conocimos hace un par de años. Fue un ex compañero de redacción, y después él hizo bien y se fue a Buenos Aires. Cada tanto nos vemos y compartimos nuestras lecturas, sus poemas, y un par de vinos. 

Entiendo que en Roca tiene unos amigos que son tan buenos como él. Y los compartió conmigo. Me hice preguntas y me las respondí: si hay pibes que tienen entre 25 y 30 años que son así, no todo puede estar tan mal, después de todo. 

Fueron unas 60 personas al comedor de la universidad. Había cervezas y había empanadas. Primero leyó Héctor Kalamicoy. Kalamicoy y Jaramillo se conocían. Yo no había oído recitar a ninguno de los dos. A Kalamicoy el Ko-ko le había pasado factura antes de llegar. Hizo una breve cronología del complicado viaje en cole que lo había dejado en Roca. Y deliciosamente borracho se largó a leer dos poemas del libro del revuelo. Leídos, me gustaron todavía más. Kalamicoy siempre quedó en medio de la burda polémica que generaron lectores ultraconservadores de sus textos, y esto ha dejado en un segundo plano todo lo buena que es su poesía. En un momento, cuando terminó de leer, dijo: bueno, ahí está; lo dijo con una boca chiquita, y como si nos hubiera leído un par de cuentos para ir a dormir, unos cuentos para ir a dormir del que te desea dulces pesadillas, para acostumbrarte ya desde la luna a lo que te va a esperar cuando te levantes, y se fue a sentar, dejando detrás suyo como miguitas de impavidez. En determinado momento se esfumó. Y nadie volvió a verlo en toda la noche.

Después fue el turno de Jara. Leyó buena parte de Grunge. (Lo cierto es que antes de su lectura, Federico Aríngoli leyó algo sobre este libro, que debe ser lo mejor que alguien dijo sobre el poemario; lo desmenuzó, lo dio vueltas, y lo definió como todos quisiéramos haberlo hecho -antes que él-.)

Constaté que Jaramillo tiene otra voz y es la voz de cuando lee su poesía. Esa poesía tiene vida y esa vida (también) tiene la forma de la voz con que leyó sus textos. Me cuesta hablar de su poesía como cuesta decir algo de la poesía cuando es buena y es de un amigo. Se tiene temor de arruinarlo todo. Los versos hablan por sí solos. Remitirse, rápido, al libro.

Poco después, fue el turno de Delirio Suburbano. Una banda super rockera que fue quizá la sorpresa más grande de la noche. (Todo lo bueno anterior se podía esperar.) Sé una cosa y es que hay que ir a verla. Roca es una ciudad con mucha tradición blusera. Y Delirio le hace honor a eso. Hay que verlos en vivo, hay que ver ese cover que hacen de Heroina, de Sumo, que yo hubiese querido que durara un poco más. En lugar de los seis o siete minutos que demandó, unos quince, o veinte, una mínima batallita en que la magia siguiera torciéndole el brazo al tiempo, un rato más.

(F.C.)
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