sábado, 11 de octubre de 2008

Juan Perugia quiere volver



Por primera vez en años me propongo ver una ficción argentina en la tele. Desde cero. Desde el capítulo inicial. Con ánimo de seguirla si lo que veo es bueno, me atrae, me gusta, no me desalienta, no me hace bostezar, ni mirar para el costado, ni decirme que estoy perdiendo el tiempo, para después entregarme a un zapping y dejar de darle oportunidades. Si mal no recuerdo, la última vez que me propuse tamaña empresa (la de resistir los embates del control remoto, animal con una vida oculta muy fuerte) fue con Okupas o con Tumberos. Después nunca volví a ver una ficción local como una autoimposición, con interés. Las que vi las vi por la mitad, empezadas, tras algunas recomendaciones a las que cedí a regañadientes. A veces me pasó que hice mal en seguir esas recomendaciones y otras lamenté no haber visto la serie en cuestión desde el inicio.

Como decía, ahora me lo vuelvo a proponer. El programa es Todos contra Juan (América; Martes, 22:30). Creo que en esto tuvo que ver la postergación en que Telefé sumió a la serie durante meses hasta que recién pudo salir al aire cambiando de señal. Es decir, hubo una evolución de la noticia: Gastón Pauls estaba haciendo una ficción, la actuaba él, tuve algunos detalles de la historia y después entré a sospechar conspiraciones que planchaban el estreno. Creo que por eso termino viéndola.

Juan, lo dicho, es Gastón Pauls. (Pauls no es un tipo que me interese particularmente. Tiene otros dos hermanos. Los dos hacen cosas interesantes. Sobre todo el más grande: Alan, a quien tiempo atrás entrevisté, y es uno de los escritores imprescindibles si nos ponemos a analizar el panorama actual de las letras argentinas. El otro, Nicolás, me sorprendió hace poquito. Está conduciendo un gran programa: se llama LP, va por la Televisión Pública, no recuerdo bien qué días, y cuenta, mediante entrevistas y anécdotas imperdibles, la historia de las canciones y discos fundamentales del rock argentino. También hace un poco lo que su hermano Gastón ha hecho durante los últimos meses: mostrar su rostro bonito y contar una historia y sacarle un par de suspiros a chicas que miran la tele con la luz apagada mientras abrazan un almohadón.)

Entonces: Todos contra Juan cuenta la historia de un actor (Juan Perugia) que fue una estrella juvenil de la tele. Ya no lo es más. Quedó postergado en el olvido. En algún momento fue parte de un hito histórico de la televisión para adolescentes. Pero después de eso no pudo reciclarse. Juan Perugia es un rostro perdido en la vaga y fulminada memoria colectiva de los enfermados por la tele de los noventas. Pero así y todo quiere volver. Es un gran mentiroso y se niega a reconocer una derrota (la del latigazo del olvido) que le sucedió hace una década. Mientras sus compañeros de generación ahora son figuras consagradas, Perugia da clases de teatro a nenes a los que trata con un rigor académico del que no puede hacer gala en el mundo adulto, nenes a los que quiere develar el secreto de la actuación, posibilidad desde el vamos vedada para él, algo que barre debajo de la alfombra del autoengaño, lo que le permite ver una especie de luz a la que aferrarse para volver del ostracismo.

Pauls lo interpreta muy bien. Lo cierto es que no creo que a Pauls le cueste mucho hacer ese papel.

La serie, en su primer capítulo, jugó con ciertos mecanismos del cine documental. Y sin serlo ni por asomo, tiene un dejo de reality show: después de todo cuenta la historia de un actor, y la de otros actores que hacen de sí mismos dentro de una tira de ficción, como Mariano Martínez, Julieta Díaz y Cecilia Dopazo, entre otros que desfilaron por el capítulo inicial. Por caso, Chiche Gelblung desentraña desde el presente la historia del programa por donde pasó Perugia/Pauls, y hay entrevistas a sus ex compañeros. Todo queda en ese terreno un tanto impreciso pero atrayente en el que hay cierta convergencia entre lo ficticio y lo real.

Vale decir que como mecanismo narrativo está bueno, pero por ahora la serie sólo se remitió a describir un personaje y sumar una seguidilla de gags que surten efecto pero que, todavía, no son el componente esencial para la construcción de una historia, que es el desafío que la tira debe superar en los próximos capítulos (hay doce previstos a razón de uno por semana) para no ser presa del efecto Perugia, para no quedar en el olvido rápido y convertirse en una suerte de paradoja.
                                                                                                                                                               

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